AQUELLAS NOCHES DE VERANO

Escrito por el 13 enero, 2020

Casi sin darnos cuenta, nos dejaron sin lo más lindo que tenían los veranos para los futboleros…
No hablo de algo extraño si aseguro que miles de bosteros planificábamos nuestras vacaciones de acuerdo al calendario de los torneos de verano.
¡¡Y en Mar del Plata!!
Viajes, hoteles, algún camping, la casa perdida de un tío que no veíamos nunca…Lo que sea para no perdernos la gran cita de cada enero y varias veces bien entrado el mes de febrero.

El mango ahorrado durante el año era para estar ahí, en Mardel, un ratito de playa, y bien tempranito agarrar el bondi que te llevaba al Minella…
El pasillo interminable entre decenas y decenas de puestos de chori te hacía desembocar en la entrada a la popu del estadio.
Siempre con un buzo. “A la noche refresca”, decía papá.

Claro, hoy contarlo a cualquier sub 20 (y a otros bastante más creciditos) es una tarea imposible. Te miran con cara fruncida mientras preguntan: ¿Tanto lío por un simple amistoso?

Sí, amistoso, ok.
Pero no era simple ni mucho menos. Mirá, tampoco quiero exagerar, pero esos gritos de gol desaforados de verano, pocas veces se repetían durante el año.
Qué se yo. El aire de la costa, empezar cada temporada con la esperanza que éste sí iba a ser nuestro año… Un montón de cosas hacían que esos partidos veraniegos (en Mar del Plata, repito), tuviesen un color especial.
La década del 80 y el primer lustro de los 90 fueron el furor de estos mini torneos.
¡Había de todo!
Clásicos jugados a morir, equipos internacionales que viajaban para disputar los partidos con todos los grandes argentinos, figuras (recontra figuras!) de nuestro fútbol, que brillaban en el césped del mundialista marplatense.
¿Recuerdos? Cientos, miles. Entraría en una caja muy atesorada de mis más preciadas anécdotas de pibito y adolescente. Y no podría salirme nunca más…
Arbitrariamente voy a elegir y dejar afuera tantísimos partidos e imágenes que inundan mi mente. Aquél partido donde un rústico lateral izquierdo fue nuestro héroe.
El “ruso” Hrabina, para todos los que deliramos con su cabezazo salvador, fue poco menos que un súper hombre.
Sí , festejamos un empate. Obvio. ¿Y qué?
Festejamos un 3 a 3 como si fuera lo último que íbamos a tener en la vida. ¿Está mal?
Para algunos ahora está prohibido festejar si no ganás y goleás…
Bueno, no éramos tan exigentes se ve.
Pasaron casi 33 años de aquella noche. Yo tenia 10 recién cumplidos. Claramente debió ser muy groso para que lo siga teniendo en lo más alto de mis emociones, ¿no?
Sí, claro. Contra River. El del Bambino. Que venía de ser campeón del mundo (nunca más repetiría).
Nuestro Boca era humilde. En verdad hacíamos lo que se podía. No tanto lo que queríamos.
¡Pero sabés cómo lo bancábamos!
Y el “Ruso” era un emblema. Tiraba para adelante como un loco. Emocionaba.
Y a pesar de estar perdiendo 1-3, los tipos iban e iban. Por momentos era baile, no lo podemos negar. Ellos eran un gran equipo. Pero jamás claudicamos. Los de adentro, y los que miramos desde afuera, tampoco.
Estábamos, como siempre, en las malas mucho más.
Por eso Hrabina era el indicado, cual gracia del destino, para romper la noche con un grito que se escuchó hasta Miramar! (licencia exagerada del redactor).
Mar del Plata fue una fiesta bostera en tiempos donde no había muchos motivos para celebrar. Sin embargo, esos partidos de verano fueron testigos de alegrías inmensas. ¡Inolvidables!

Hoy, ya no lo tenemos más.
Ni la expectativa, ni los partidos jugados como si fueran la final de la Copa más importante que imagines. ¡¡¡Ni siquiera nos dejaron un amistoso en Mar del Plata!!!

Desconozco las causas. No hay que ser un talento para entender que será por guita.
Pero sepan, que sea donde sea que jueguen un amistoso de verano, nunca, pero nunca, serán como los que vivímos en esos años de festejos veraniegos.
Es verdad, muchas veces efímeros. Como resultan ser la mayoría de los amores de verano.
Pero a vos que los viviste…
¿Quién te quita lo bailado?


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