Cuando la camiseta pesa

Escrito por el 19 octubre, 2019

Es un lugar muy común en el periodismo cuando un jugador llega a un club como Boca sentenciar que la camiseta “le sienta bien” o que “le pesa”, según su rendimiento en los primeros partidos. Rara vez esa definición termina siendo errónea, sobre todo si la primera impresión es negativa. Esta vez, no obstante, estamos frente a un caso muy particular: de cara al partido del martes contra River, la camiseta de Boca les pesa a todos los integrantes del plantel xeneize diez veces más de lo normal. A todos, se llamen como se llamen.

No es pesimismo ni nada por el estilo, es lo que se pudo percibir anoche en La Bombonera cuando se diluían los minutos de la derrota con Racing y los jugadores de Boca no podían dar dos pases seguidos ni superar cualquier bloque defensivo que le opusiese su rival. Incluso más dudas dejaron los ingresos de Mac Allister y Zárate: al menos sin ver esa versión de ellos estaríamos con la esperanza que los “distintos” pueden salvar al equipo. En cambio, tenemos que aceptar que poco podrán hacer Mauro o Alexis si están en ese nivel.

Pero, insisto, no parece futbolístico ni de esquema el problema. Por más que les duela a muchos, a Boca le cuesta horrores (y cada vez más) enfrentar a River y más en instancias decisivas. Y no es que River crezca ante Boca. Para nada. Si revisamos el rendimiento de los de Gallardo en los últimos ¿cinco? clásicos no encontraremos más que un primer tiempo bueno en la Boca en el 0-2 de la Superliga pasada y alguna buena intención en tramos de las dos finales. En serio: River no supera a Boca por demolición. Es más, Boca ha tenido -desde la adversidad y desde algunas situaciones más ventajosas- más control de los clásicos pero no consigue traducirlo en victorias. Así, el lastre acumulado es cada vez mayor. Y si a eso le sumamos el clima que se vive en el club por las elecciones de diciembre y el malestar de la gente y sus reclamos a la dirigencia, no estaremos frente a un escenario festivo ni confiable que permita pensar en un final feliz.

Le preguntaban a Alfaro tras la derrota de ayer indicios sobre el equipo del martes. Pocas veces esa información importa tan poco: no pareciera haber una formación que dé la garantía que Boca puede dar vuelta la serie. Con jugadores en pleno declive de rendimiento, con lesionados que se recuperan y vuelven a lesionarse. Dijo Tevez hace poco que hoy a los jugadores les cuesta venir a Boca. Lo dijo en serio, y sabiendo lo que se respira dentro del vestuario. Ese es el principal problema para el martes: la cabeza de quienes salgan a la cancha.

Solo tiene un elemento a favor Boca: no es favorito ni en el más optimista de los enfoques. Eso en fútbol a veces se traduce en heroísmo. Ojalá sea una página inolvidable en la historia del club y se produzca el milagro. Ojalá toda esta columna sea un error, pero hoy no intenta más que reflejar el pensamiento de la gente. Y la gente -dijeron los genios del marketing- es de Boca y no se equivoca.


Continuar leyendo

Post Siguiente

5 de punta


Miniatura
Post Anterior

No tuvo luz


Miniatura
Ahora
Title
Artist

Background