¿Qué técnico?

Escrito por el 18 diciembre, 2018

Dicen que el tiempo lo cura todo, o por lo menos, pone las cosas  en su lugar. Los valores de antes suelen tener otro peso con el paso del tiempo y hasta uno termina sintiéndose muy triste porque lo que desea no se cumple, porque aquel afecto te decepcionó, porque ya no está más la barra de la esquina o porque hoy hay que salir con un frasquito de gas pimienta para zafar de los que te quieren afanar el celular.

Todo cambia. Lo de ayer no es lo mismo que hoy, y este Boca, con el cual uno se había acostumbrado por presente, por historia, por los colores de la camiseta, era la de salir siempre con la frente en alto de cualquier cancha.

Nos acostumbramos tanto a ganar que el dolor de la derrota te deja sin respuesta. Porque duele, eh? No como un descenso, porque ahí tenés que estar comiendo carne podrida por lo menos un añito entero. Esta final de Copa pasó y estoy convencido que la revancha alias venganza, vendrá pronto. No tengo que esperar, como espera todo el fútbol argentino, que Boca se vaya al descenso.

Digo esto porque si no nos situamos en el contexto, muchas cosas se van a perder de vista. Porque a no olvidar: cuando la política entra a los clubes, el fútbol sale por la ventana. Y fue lo que exactamente sucedió. No por la final, si no por un cúmulo de cosas que le hizo muy mal al club.

Podemos detallar desde lo más tonto a lo más importante. Esos almuerzos dos veces por semana de Guillermo con Macri (uds lo calificarán de tonto o de importante), fue una muestra de que las cosas no iban por el camino correcto. Porque no sólo hay que ser, hay que parecer. Esos encuentros fueron en gran parte un caldo de cultivo para la contra. Para los que siempre pensaron que estaba todo arreglado… Y sinceramente, si pasara del otro lado, sentiría lo mismo. O vamos a desconocer los campeonatos de River en la época del menemismo.

Pero más allá de estas cuestiones. El ídolo. El que cuando agarraba la pelota te daba la tranquilidad de que algo bueno iba a hacer, se fue envuelto en tristezas. Como entrenador fue uno de los grandes fiascos que va a reflejar la historia de Boca. Por plantel, por tener todo lo que quiso. Sin embargo, ni sus soldados periodistas que jamás vertieron una crítica a su trabajo, lograron salvarlo.

Convengamos, que  si esto le hubiera sucedido a un DT apuntado por la dirigencia, lo hubieran decapitado en Plaza de Mayo. Las comparaciones del ciclo que terminó con el tercero de Bianchi, sirven para ver y sopesar. De un lado y del otro. Cómo se manejaron los dirigentes, como se manejó la prensa. Y verán una gran diferencia, una enorme diferencia. Porque si hay algo que aprendí en política, sea del palo que sea, que al enemigo no se lo mata de un tiro, se lo mata con diez o doce tiros. Se lo desgasta, se lo pone frente al hincha como el culpable, como el equivocado. Como el nono que se confundía los nombres de los jugadores. Hasta esa falta de respeto se permitió el periodismo.

Pero Guillermo contó con la protección mediática necesaria. Boca sacó dólares hasta debajo de las baldosas para comprar jugadores y, sin embargo, el resultado quedó ahí, trunco. Es cierto, es muy lindo llegar a la final, es como cebar mate… calentás el agua y otro se lo toma.

Llegar a la final se transforma importante cuando se la gana. De otra manera, prefiero caer en octavos. Pienso así, y creo que los hinchas de Boca en general también. Pero no quiero discutir esto.

El punto en cuestión es qué hacemos de ahora en más. Nicolás Burdisso, pibe al que vi en Reserva, pibe al que vi debutar jugando de lateral derecho y metiendo un sombrerito en su primera o segunda intervención en el partido, que generó el ooohhhh de los hinchas. El pibe que tuvo un problema con una de sus hijas y que decidió dejar todo por ella, mientras tanto se entrenaba en Boca para no perder estado físico. No es menor detalle, que un tipo deje todo y sólo se dedique a su hija. Claro, hay una situación económica que seguramente se lo permitía. Pero está claro que más allá de eso, su cabeza estuvo en su familia, por arriba del fútbol y de otras cosas. Y esto para mi merece un respeto diferente porque habla de la persona.

Recuerdo como si fuera hoy una breve charla. Cuando comentó lo que pasó pero que prefería que no se publicara nada de eso. Y ni una coma se escribió al respecto.

Hoy, Nico, tiene en manos (si es verdad todo lo que dijo), la cura para este enfermo que es Boca. Porque Boca es un paciente enfermo que hace casi 8 años que viene peleándola. Nadie acertó con el tratamiento, porque nunca pensaron en Boca, eso está claro. Pensaron en cómo y en qué lugar se iban a poner los laureles que jamás tuvieorn en estos años. En los últimos 8 años, ser dirigente de Boca era sólo para tomar impulso y “popularizarse” y después de ahí, al trabajo de la política.

Ninguno que llegó a Boca, del presidente para abajo, sintió que cuando terminaba su mandato tenía que volver a su empresa, a su negocio… la mayoría pensó en un futuro “mejor”.

Dentro de este cuadro de situación, Nico aparece como el especialista que puede dar con el remedio indicado; pero ya le dijo al paciente que si no hace caso a su prescripción, el tratamiento no va a funcionar. Y todo se va a empeorar. El paciente se va a morir (para ellos, no para nosotros).

Y Nico sabe esto. Sería más que necio si no se da cuenta. Un pibe que mamó los colores bien desde pibe. Sería imposible que no se de cuenta de la situación límite, del estado terminal del paciente.

Pero ese médico que es Burdisso, necesita de un enfermero que cuide al paciente, que se haga cargo de lo que necesita y que lo ayude a su recuperación. Y este Boca necesita un enfermero de corazón, de esos que llevan la profesión en lo más profundo de su ser. No necesita ni aguantaría un chanta, uno que le da una pastillita para dormir así el paciente no jode, no se queja y duerme toda la noche.

Los piolas, los vivos, los que dicen que se la saben toda. Los que alegremente te cuentan que no quiso hacer un gol, los que alegremente se postulan como si no se dieran cuenta…

Boca no necesita de las luces del centro. Necesita esa lamparita encendida en cada una de las esquinas del barrio, necesita casas bajas; perros ladrando a la noche, ruido de grillos y ver pasar cada tanto algún bichito de luz…

Necesita paz, pero no la paz de los cementerios, la paz que el técnico deberá inculcar, con presencia, con palabras, con TRABAJO y con el respeto de los jugadores. Necesita generar una cooperativa entre todos.

Y dentro de esos perfiles, hay varios entrenadores. Muchos de ellos, con trabajo y está bien que se respete esa situación, más allá que muchos mandaron a decir que no dejarían el club en el cual trabajan, pero…

Creo que hasta Nico lo sabe,por eso el abanico de entrenadores así es muy chiquito. Y todo, por decirlo de alguna manera, se resume a dos nombres, José Pekerman y Eduardo Domínguez.

Pekerman porque mostró seriedad en las buenas  y en las malas. Porque nunca tuvo seis meses para armar un equipo, apenas si tenía diez entrenamientos. Que tal vez tenga ese ejercicio de salir de las urgencia con rapidez.

Domínguez porque, para quienes lo conocen, tiene un estilo más europeo. Dialogo muy medido con el jugador y el que se cae en la banquina y no hace el esfuerzo por salir, ahí se queda. Es un tipo de carácter que se ha enfrentado a dirigentes y jugadores. Que difícilmente se deje usar.

Tipos de baja exposición. Que no necesitan de soldados para mantenerse en pie, y que trabajan. Que supieron arreglarse con lo que tenían, y en Boca van a tener más aún.

Que uno no dirigió equipos, o le fue mal. Que el otro tiene poca experiencia, que no dirigió nunca a un grande. Y bueno, alguna vez se empieza, ¿no?

 

Periodista de Crónica. Las opiniones son personales. Autor de Con alma y corazón, el fenómeno Boca Bianchi.


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