Después de todo, siguen pasando cosas

Escrito por el 29 octubre, 2018

Vivimos la cultura del aguante en la cual no importa qué, ni cómo, ni cuándo, ni siquiera por qué, pero hay que aguantar. Y es el tiempo que está viviendo Boca o sus hinchas, de cara a la posible obtención de la séptima Copa. Pero esto no debe quitar de escena algunas cosas que, a mi modesto entender, está mal y que pronostican cosas peores.

Algunos señalan animosidad; otros que soy demasiado crítico; aunque prefiero encasillarme como un periodista que no está de acuerdo en la mayoría de las decisiones que tomó Guillermo Barros Schelotto. Y frente a lo que va a suceder en las próximas horas, pasan cosas importantes por no decir graves. Por ejemplo, este Boca se da el lujo de dejar de lado a Edwin Cardona. Ya no sólo para fin de año, lo deja afuera de esta instancia deportiva.

Cardona, que era el elegido de Guillermo no hace mucho tiempo, hoy pasó a ser prescindible dentro de un contexto en el que todos son necesarios.

Insisto que la tarea de un conductor no pasa por armar dos o tres jugadas preparadas y poner once en la cancha. Su trabajo es mucho más abarcativo, más complicado y sin dudas que cerca del 90% de los entrenadores no están capacitados para eso. ¿Saben por qué? Porque lo manejan todo ellos.

Que Cardona sepa hace ya dos meses que a fin de año no va a seguir en el club, no fue haberle hecho un favor. Ni al jugador ni a Boca. Hoy el colombiano está contrariado y seguramente que no encuentra en el cuerpo técnico la contención necesaria. Porque por más profesional que sea, debajo de una camiseta existe, hay, vive un ser humano, con todas las virtudes y miserias.

También llamó la atención la naturalidad con la cual Boca perdió dando casi que lástima ante Gimnasia. La serenidad que mostró Guillermo para explicar fue directamente proporcional a la cara de culo que pone cuando Boca pierde. ¿Será que como fue contra Gimnasia no hay dolor, ni rebeldía, ni nada?

Le robo un tuit de Claudio Giardino, que “si ve dos pibes jugando a quién escupe más lejos y uno de esos tiene la camiseta de Boca, me paro para hinchar por él”.  Cuando Boca juega, Boca debe ganar. Y si no gana, tiene que dejar pedazos de la camiseta en la cancha. Me importa un pito si estamos jugando Copa Libertadores, porque también ante Gimnasia están jugando con el sentimiento y el prestigio del club.

Por último, de cara al partido con Palmeiras, y para no hablar con el diario del lunes, presiento que Boca va a pasar a la final. Mis argumentos futbolísticos son simples: no sé si a Palmeiras le va a dar la cuerda para hacer dos goles sin que Boca no lo lastime. Pero por otro lado, siento que una vez más vamos a hacer un planteo equivocado, con un equipo armado para jugar golpe por golpe, sin que haya uno que piense y maneje los tiempos del partido y del equipo. Sin Cardona que no viajó, el que podría hacer ese papel es Fernando Gago. Pero no… vamos con tres puntas. Porque así vamos a jugar: con los cuatro del fondo (todos de oficio defensores), con tres volantes en el medio (todos de oficio de volantes), y con tres delanteros (todos de oficio de delanteros). Y la “tropa” periodística del técnico nos está vendiendo otra cosa: un 4-1-4-1… (?)

Periodista de Crónica. Las opiniones son personales. Autor de Con alma y corazón, el fenómeno Boca Bianchi.


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