Cero

Escrito por el 12 agosto, 2018

Los equipos se arman de atrás para adelante. Todo futbolero de ley conoce y reconoce en esa frase a uno de los más importantes axiomas del fútbol.
Cuesta encontrar al padre de esa máxima. El ingenioso chileno Fernando Riera Bauza se auto adjudica la patente histórica. El tal vez el más importante DT chileno de la historia fue entrenador de Boca durante las temporadas 71/72. Una huelga (y el bajón futbolístico) fue una de las causas por las cuáles el Xeneize no terminó ganando el torneo Metro 72, dejando el chileno su cargo mientras promediaba el campeonato.
Hace pocos años Carlos Bianchi empleó una frase con tintes gastronómicos (pedir pastas) para sostener a Gago y explicar su negativa para incorporar a Banega. En un caso a la inversa, el chileno Riera Bauza dijo que si uno necesita un piano y compra un Mercedes Benz, le sigue faltando el piano. El Mercedes Benz eran las llegadas de Pachamé y Malbernat, jugadores que él no había pedido.
Guillermo Barros Schelotto se mostró siempre esquivo al postulado que antes citamos. Siempre tuvo el arco rival en la mira. 62 goles en el torneo 2016/7 y 50 goles en la primer Superliga. Un increíble promedio de dos goles por partido. Boca se defendía con presión alta, posesión del balón y la jerarquía de sus jugadores como armas decisivas para adjudicarse los dos últimos torneos locales.
A pesar de su propuesta ofensiva sin importar el resultado del encuentro ni las circunstancias que lo rodeaban, en varias oportunidades el Xeneize mantuvo su arco en cero. La valla invicta se dio en 12 fechas (sobre 30) en el torneo 2016/7 y también fueron 12 partidos (sobre 27) en la reciente Superliga. No parecía ese ser el fin buscado, sino la aplicación irrestricta de otro axioma futbolero: “gana el que convierte más goles”.
Para ese segundo semestre, Boca incorporó un arquero que ya mostró sus cualidades, un central que luce sólido y un jugador de trayectoria para desnivelar en los últimos metros.
Pasaron tres partidos y en ninguno de ellos el Xeneize recibió goles. Goleada ante el débil Alvarado, 2 a 0 ante Libertad y éste 1 a 0 ante Talleres.
Los dos primeros partidos, Boca los jugó 4-2-3-1 y contra el buen equipo Talleres la táctica mutó a 4-3-3.
Más allá de los dibujos tácticos y de las estadísticas, contra el equipo cordobés Boca se mostró sólido, firme. Como con los grandes equipos de los primeros años de la década del 60, como con el Toto Lorenzo o Carlos Bianchi como DTs, hacía rato que en la tribuna uno no percibía esa sensación que sería muy difícil marcarle un tanto al Xeneize. Dentro de esa sintonía, el segundo torneo de Falcioni como técnico sería el último que se percibió ello.
Las causas las encontramos en los reflejos de Andrada cuando fue llamado a intervenir, en los múltiples despejes defensivos ante las varias pelotas paradas que dispuso Talleres, en que Nandez, Barrios y Pérez supieron replegarse cuando el visitante quiso empujar a Boca, en que Pavón sigue siendo el primer defensor. En que Boca supo darle la pelota al rival y abroquelarse atrás. En que Boca se dio cuenta que no es lo mismo estar 0 a 0 que 1 a 0.
Esa aparentemente nueva faceta que exhibió el equipo de Guillermo la interpreto como una mejora necesaria. Y cuando digo necesaria me refiero a que Boca debe saber defenderse, principalmente para los partidos de Copa Libertadores, en los que el primer axioma mencionado tiene mucho más valor que el segundo.
Mantener el arco en cero en el torneo local puede ser fruto de falencias o ausencia de jerarquía en el rival, de infortunios o lo que fuera. Mantener el arco en cero por saber defenderse es una virtud. Virtud sobre la cual hay que trabajar. Mejor dicho, seguir trabajando como lo que se vió ante Talleres.

 

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