¡Gracias por esta locura!

Hay tardes que no se explican con táctica, ni con estadísticas frías. Hay tardes que se explican con corazón, con huevos y con una locura bendita. Lo que ocurrió este domingo en los cuartos de final de la Copa Argentina ante Racing va a entrar, sin pedir permiso, a las páginas más épicas de la historia de Boca Juniors.
No era una final, pero la emocionalidad de este Boca 3 – Racing 2 se transforma, sin dudas, en la mejor victoria del equipo en los últimos larguísimos años. Porque cuando todo estaba muerto y el 0-2 parecía una sentencia inapelable, Boca respondió con su esencia más pura: riesgo, coraje y un tal Enner Valencia que se convirtió en el autor del milagro en apenas 15 minutos.

El riesgo del Vasco: «Perdido por perdido, nos jugamos entero»

Seamos brutalmente honestos: el desarrollo del partido daba para una de esas derrotas feas que duelen por días. Racing estuvo a punto de dar el golpe de nocaut. Leandro Brey volvió a exponerse de manera flagrante en los córners (un tema que merece un análisis duro, pero que hoy el corazón nos pide dejar para mañana) y Boca era un mar de confusión, desesperación e impotencia.
Pero para lograr la épica, se necesita coraje. Y Vasco Arruabarrena lo entendió. Sin escalas y sin especulaciones, partió al equipo a la mitad y lo acomodó en un arriesgadísimo 4-2-4, con Paredes liberado de marcas. Mandó a cancha a Carlos Palacios (que se pidió la pelota y jugó con un coraje que a veces le falta) y, fundamentalmente, a Enner Valencia.

Enner Valencia: El «9» de área que Boca necesitaba

No hay que retroceder mucho en el tiempo para encontrar un ingreso de un suplente que cambie el rumbo de un partido de manera tan radical. Lo de Enner Valencia fue, simplemente, insuperable.
Boca necesitaba urgentemente un número 9 de presencia, y el ecuatoriano jugó exactamente como tal: pelota que fue por arriba, la ganó todas. Primero llegó el empate tras un «centrazo» de Lautaro Blanco (quien se redimió de sus errores previos con una asistencia de oro). Valencia sacó un cabezazo con una velocidad tremenda, un verdadero «sabalazo, como si fuese con el pie», que venció toda resistencia al arquero Cambeses. Boca ya había hecho la primera parte del milagro.

El gol del minuto 50 y el simulacro de vuelta olímpica

Con el 2-2 en el marcador y el reloj agotando el minuto 50, la historia tenía reservado un final de película. No era momento de ir a los penales contra un atajador como Cambeses; había que buscarlo en el juego.
Ahí apareció la claridad conceptual de Paredes, que encontró a Leandro Lozano. El uruguayo pudo haber cuidado la pelota y forzar el tiempo extra, pero no. Hizo el control, miró al medio y encontró a quien tenía la resolución en su cabeza: Enner Valencia. Saltó, ganó el cabezazo y mandó la pelota alejadísima de Cambeses, casi contra el palo.
La locura se desató. La invasión de la hinchada en la cancha fue un verdadero simulacro de vuelta olímpica. En cuanto a nivel de éxtasis y festejo, no hay nada en todo el ciclo de Riquelme como directivo que se compare a esto (tal vez solo aquel campeonato inolvidable de 2020). Fue emoción pura estallando en el pecho.

Las sombras que brillan con la luz de la épica

¿Fue un partidazo de fútbol? No. Defensivamente, Boca fue un verdadero espanto. El equipo sufre cuando le tiran pelotazos al área, los centrales dudan y el arco se expone. Racing, que planteó un partido defensivo para lastimar de contra, vio esa fragilidad y se animó.
Pero en Boca, la mística a veces tapa las grietas. Cuando este equipo se da cuenta de que tiene que remar en el barro, no tiene piedad. Racing reculó, reculó y reculó, y Boca no le perdonó nada.

Un equipo que pelea en los cuatro frentes

Hoy, gracias a esta remontada con más corazón que fútbol, Boca Juniors sigue vivo y con el sueño intacto en los cuatro frentes:
  • Semifinal de la Copa Argentina.
  • Semifinal de la Copa Sudamericana.
  • Peleando por entrar lo más arriba posible en los Playoffs de la Liga.
  • En la lucha de la Tabla Anual.
Este equipo, por sus formas, por su coraje, e incluso por sus errores, representa la esencia misma de lo que significa ser Boca. Merece coronarse con la alegría de, por lo menos, un título. Porque da para algo más.
Gracias, Boca, por la locura. Gracias por la épica. Y gracias, Enner Valencia, por regalarnos una tarde inolvidable.

Marcelo Gonzalez

Papá de Ciro . Socio de Boca. Periodista. 25 años siguiendo y comentando los partidos de Boca.  Comentarista y Director Periodístico de Cadena Xeneize.

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