BATALLA Y BENDICIONES EN EL BAJO FLORES
El General Vasco trazó su plan de batalla. Noches enteras dibujando en su mente cómo atacar, cómo defender, cómo desplegar la estrategia perfecta para este combate. Sus anotaciones eran tan complejas que parecían jeroglíficos antiguos, pero en la cancha se tradujeron en fútbol puro.
Su gran desafío: trasladar su prestigio de guerrero al esplendor de General, ese que hoy dirige las batallas desde el banquillo xeneize.
El despliegue táctico
Su principal oficial, faro del equipo: Leandro Paredes, capitán en servicio, desplegando su fútbol de alto vuelo. El mejor jugador del fútbol argentino manejando la batuta, haciendo bailar a San Lorenzo al compás de su clase.
Agregando sacrificio a la lucha, Paredes mandó al ataque a los suboficiales Milton Delgado y Santiago Ascacíbar por dentro, y Lautaro Blanco por afuera. Mientras en la retaguardia defendían con orgullo Lautaro Di Lollo y Jagger Herrera, resguardando al soldado Álvaro Montero, quien prácticamente no tuvo trabajo.
El punto de inflexión
El logro estaba al caer, pero los disparos no daban en el blanco. Cuatro situaciones de gol clarísimas antes de la expulsión de Insaurralde, pero la efectividad no llegaba.
Cuando la lucha se prolongaba y el resultado no aparecía, comenzaron las dudas. Y así fue que en una contraofensiva azulgrana, el suboficial Marco Pellegrino salvó un gol casi consumado con una intervención providencial.
Ese fue el punto de inflexión. Ese hecho, y el agua como bendición.
La bendición del agua
Esa agua que rompió el hechizo a través de un gol. En el frente de batalla, los oficiales orientales al grito de «patria o tumba» supieron cumplir.
Leandro Lozano, el lateral que no se anda con vueltas, cuando aparece cerca del área no va de paseo: va para lastimar. Recibió el pase de Leo Flores y con un zapatazo inapelable dejó al arquero de San Lorenzo por primera vez con los brazos caídos.
La Bestia Merentiel, obstinada, iba una y otra vez hasta que el gol rompió el encanto y lo transformó en guerrero. Otro tanto más en su larga estadística goleadora.
El agua era ya diluvio. Los gauchos de Boedo retrocedían, cayendo a los pies del gran capitán, el de las grandes batallas del norte hasta Qatar.
Héroes orientales
Heroicos uruguayos que de dos se convirtieron en 33 Orientales, desembarcando en el Bajo Flores, levantando a todo el pueblo xeneize.
Un 2-0 que fue goleada en el desarrollo, goleada anímica, goleada futbolística. Como pocas veces se ha visto en esta cancha. Desde aquel 7-1, Boca no ejercía un dominio tan marcado sobre San Lorenzo.
Victoria para el historial
De entusiasmo sublime, solo viene el triunfo. El combate llegaba a su fin. La bandera azul y oro fue izada en el gran mástil de la victoria.
Guerreros exhaustos, empapados del éxito, ya descansan esperando su próxima contienda. Al grito de «¡Sabremos cumplir!», se alejaron dejando una estela de gloria.
Boca volvió a ser Boca. Y este baile, señores, es para el historial.



