LA IBARRA DE LOS PIBES

El 31 de julio de 2022, Patronato (quien viene de eliminar a River en la Copa Argentina y acaba de bajar al puntero) nos propiciaba una goleada sin precedentes históricos.

El score final de 3 a 0 era una apretada síntesis de lo que era el mundo Boca. Roncaglia se bajaba del avión y debutaba (o re debutaba) en su provincia natal, haciendo dupla (de lo que no debe hacerse) con Zambrano. Quien sí debutaba oficialmente ese día fue Langoni, reemplazando al 38 Vázquez (el otro entrerriano).

Para ese entonces, los números decían que en 11 partidos, éramos de los equipos más goleados y con más penales en contra.  6 (seis) derrotas padecidas, dos de ellas con categóricos 0 a 3.  Aunque tal vez el peor partido haya sido contra AAAJ, más allá que el resultado final fue apenas 0 a 2. Una campaña poco acorde con la historia Xeneize.

Ese mes de julio nos había dejado sin Copa Libertadores, sin DT y sin capitán. También sin Salvio y Pavón. Al abrazo de Rojo a Izquierdoz en el Bajo Flores se le sumaba que la renovación de Rossi se convertía en tema central pero frustrado. Encima, a poco de iniciado el mes de agosto, Ameal decía públicamente que no iba a hipotecar el club por el portero Xeneize.

En esa primera semana de agosto, la AFA (Superliga) designaba a Falcon Pérez para Boca-Platense. Ese árbitro había dirigido a Boca 2 veces, y le había sancionado 4 penales en contra (encima uno lo hizo patear de nuevo cuando Javi García lo había desviado). El cuestionado Negro Ibarra podía mover la estantería, pero puso los mismos 11 que venían de ser goleados en Paraná, salvo el cambio de Sandez por Fabra.

Algo (afortunadamente) pasó. El paraguayo Romero tuvo su mejor noche y aquel sábado empezó a gestarse una remontada pocas veces vista. Entresemana, Agropecuario (que venía de eliminar a Racing) nos esperaba en Salta y recién iniciado el cotejo, el Changuito Zeballos fue salvajemente lesionado por un golpe descalificador del jugador Leyendeker. El gol de Pol Fernández, en pelota parada, nos daba el pase a cuartos.

Trabajar y hacerlo en paz eran una utopía. Cuatro días después, Boca debía jugar contra el descansado Racing en Avellaneda y el destino nos hace cruzarnos y jugar (otra vez) contra Rapallini. Si, contra él. Y Rapallini, como nos tiene acostumbrados, aún viendo una grosera mano penal tras ser llamado por el VAR, fue consecuente con su forma de dirigir a Boca y a Racing y terminó el partido sin sancionarlo. Antes de eso, Zambrano venía dando demasiadas ventajas y Pipa Benedetto no tuvo mejor idea de remarcarlo públicamente. Con el pómulo inflamado, el peruano  salió a jugar el segundo tiempo en el Cilindro.

El clima distaba en demasía de ser el ideal. Se venía el Rosario Central de Carlitos Tevez a la Bombonera. Como en el caso Maradona, ningún dirigente fue a entregarle una plaqueta. Fue Chicho Serna (ex compañero y hoy miembro del Consejo del Fútbol) quien recibió al último ídolo Xeneize. Con un equipo plagado de pibes, Central amañó a Boca y pudo haber ganado. Pero en Boca ataja Rossi, y sin renovación, atajaba cada vez mejor. Penales y salvadas claves se repetían fecha tras fecha.

Los cuestionamientos a Ibarra seguían a la orden del día, quien cambiaba de dibujo táctico de partido a partido, o incluso dentro de cada uno de ellos. Ese día salinos con 5 defensores…. Estamos recién a 17 de agosto.

Para colmo de males, tras la merecida y muy importante victoria como locales ante Atlético Tucumán  (2 a 1, el día de Super Langoni), nos enteremos que Villa (que llevaba 3 goles y 7 asistencias, además de ser la principal arma de ataque) debía ser operado de inmediato. Afuera Salvio, Villa y Zeballos, todo de golpe. Pero no de knock out.

Ese mismo equipo, que venía de ser el más goleado hasta la fecha 11 (19 tantos recibidos), desde la fecha 12 a la jugada con Vélez (la 22, es decir, la misma cantidad de encuentros), sólo recibió 3 tantos en contra (en los tres casos ganamos por 2 a 1). Estamos en una racha de 8 victorias (todas por un gol de diferencia) y 3 empates en 0. Agreguemos otro pase de ronda en la Copa Argentina, llegando a semifinales (donde nos espera Patronato, justamente, en sede y día a confirmar)

¿Cómo llegamos a ser punteros? Nada ha sido sencillo. A todo lo antes dicho, debemos sumarle que la lista de lesionados viene siendo interminable. Además de los  casos antes mencionados, agreguemos -entre otros- a Rojo. Figal, Molinas, Benedetto, Orsini, incluyendo a Chiquito Romero (quien siquiera pudo debutar). Adicionemos suspensiones, jugadores de selección.

En el medio, quedan fotos y recuerdos inolvidables como el 1 a 0 a River (con 8 jugadores trepados en el alambrado), los goles que valen puntos de los chicos Langoni y Morales, como se están afianzando Medina y Aranda.

Y también hay otra lista, pero de las buenas: la de los debuts de los chicos de las inferiores. Son varios. Mejor no nombrarlos y esperar que esta nota quede rápidamente desactualizada, con nuevos apellidos que la engrosen. ¿El último? Rivero, contra Vélez.

Me faltó contestar la pregunta. Somos punteros porque los 11 jugadores que están en el campo de juego se matan por la camiseta. Porque el cero en el arco propio es cuestión de estado. Porque Ibarra no tiene problemas en sacar a Pol Fernández o a Benedetto si cree que es lo mejor para el equipo. Porque los referentes, aún sin poder  jugar, están al lado de los chicos. Porque tenemos a Rossi en el arco. Porque nadie sale a hablar pavadas en los medios. Porque todos se besan el escudo. Porque el hincha de Boca llena todas las canchas, alienta sin cesar y tira siempre para adelante. Porque Boca piensa en Boca y cuando Boca va (como decía Víctor Hugo), no hay como pararlo.

            Hay que decirlo, esta es la Ibarra de los pibes, la que tiene aguante!

 

Leandro Valdés

Abogado. Periodista. Escribí Los verdaderos Mellizos de la Boca y  Mística 2000.

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