Felí Cumpleaños, Torero

Mi nombre es aliento y en mi casa La Bombonera me mantengo en un estado de éxtasis que supera fácilmente todas la emociones.

Vivíamos épocas de disfrutar los últimos partidos del más grande de la historia, "el Diego" con la azul y oro.
Hasta que en una tarde primaveral, nace un amor, desde el mismo momento que pisó la pelota, giró y dio un pase entre líneas, dejando a un compañero cara a cara con el arquero rival, casualmente del Club Atlético Unión de Santa Fe. Y sobre ese aliento habitual, se sentían exclamaciones de satisfacción, por ese jugador flaco y esbelto que protegía el balón, como si fuera absolutamente suyo.

Las exclamaciones se convirtieron en algo habitual, cuando el "8" por esos años, regalaba su magia, cada vez más frecuentes. Luego la camiseta 8 dejó paso, nada más ni nada menos que a la 10 de Boca Juniors, la camiseta tal vez con más peso de la historia. Y con su hidalguía, la llevó a lo más alto, saliendo victorioso de sus batallas con hazañas en tierras brasileñas y en las lejanas del Oriente, donde en el sol naciente mostró al mundo que sus cualidades eran innatas, dejando a sus marcadores con pesadillas por sus gambetas y engaños.

La casa de todos los bosteros terminó siendo el patio de su casa, en donde dejó no solo su impronta, a base de caños y Topos Gigios, sino también su amor por nuestros colores, sus colores, aquellos que defendió, con el escudo al pecho, la pelota, hipnotizada por su magia, y su mente que todo lo veía, como si en vez de jugar en el verde césped, estaría a su vez sentado en cada tribuna del estadio.

El pase imposible, la gambeta más difícil y el tiro libre más certero salieron de esas botas negras inconfundibles.

Se fue a Europa, e hizo flotar un submarino amarillo, volvió y se hizo más y más grande, porque esa Copa la ganó solo, luego lo dejaron ir y se pintó de rojo, para devolver a su club de origen a Primera, y lo hizo, como todo lo que se propuso.

Pero un día el hijo debe volver a casa, a su casa y él lo hizo de la mejor manera, a través del amor de su pueblo que siempre le va a decir, que fuimos, somos y seremos felices solamente con tenerte Juan Román o solamente Román.

La Bombonera nunca descansa porque cuando está vacía, si escuchas bien, sentirás como retumba el Riquelme, Riquelme, Riquelme, como después de esas noches mágicas de Copa.

Román

Felicidades en tu día

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Ruben Mingroni

La medicina y Boca Juniors son mis dos pasiones. Papa x 2. Columnista de medicina en Cadena Xeneize.

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