Los enemigos de Boca
Días de mucha exposición ideales para los AntiBoca. Idas y vueltas donde los únicos que pierden son los hinchas…

Han pasado días turbulentos en el Mundo Boca, días en los que el nombre y la camiseta estuvieron en la más alta exposición y no precisamente por festejos, ni siquiera expectativa de un partido por venir. No. El tema es el que más les gusta a los medios y menos a la gente: el escándalo.
Las imágenes del vestuario de Belo Horizonte se repiten casi en loop en noticieros y programas de debate y, mientras el tiempo avanza y los comunicados se superponen, los enemigos de Boca aprovechan para hacer su juego. Los estaban esperando, por supuesto. ¿Cuando no?. Tinelli, D’Onofrio, el Gobierno Nacional, el resto de los clubes que se relamen de solo imaginar a Boca tirado en el suelo por un instante.
La discusión está centrada en si las piñas eran o no evitables, pero lo más grave que sufrió el club fue el revés de parte del Ministerio de Salud cuando metió las narices en el tema. El aislamiento dictado a distancia -vaya a saber uno a instancias de quién o de qué- fue una piedra que terminó siendo imposible de superar tanto legalmente como en las negociaciones que se sucedieron en los días posteriores al famoso miércoles arriba de un micro. Y aunque la decisión hubiese sido la de aprobar el corredor sanitario, ya todos los antiBoca estaban agazapados con el dedo acusador esperando para tirar con munición gruesa. Entre la mirada inquisidora de los de afuera y una decisión insólita pero que una vez tomada igualaba con los derechos de cualquier ciudadano, la chance que los titulares de Boca jueguen el partido eran ya nulas.
¿Qué hizo Boca mientras tanto? Sacó comunicados. Tanto para repudiar lo sucedido ante Mineiro como para “presionar” una resolución favorable de cara al sábado. En esta última serie de textos, se destacó el que “anunciaba” la suspensión del partido ante Banfield en el encabezado para relativizarlo en el cuerpo del mismo. La suspensión estaba garantizada por una comunicación verbal entre el Presidente Ameal y el responsable de la Liga, Marcelo Tinelli. Que Tinelli es antiBoca ya lo sabemos (y lo refrendó con sus patéticas incursiones televisivas posteriores), pero tiene un cargo que debería elevarlo de esa situación y de su relación con San Lorenzo. Sin embargo, si se comprometió realmente a hacer una gestión eficiente, de poco sirve no esperar a que quede documentada antes de exhibirla públicamente provocando la inmediata desmentida pública del conductor. Si, en cambio, la suerte estaba jugada y se intentó dejarlo en evidencia, no parece una actitud con mucho futuro en cuanto a relaciones personales salir a exponer charlas privadas.
Las negociaciones y las versiones continuaron mientras la Reserva de Sebastian Battaglia (mejor opción de equipo detrás del profesional) jugaba su partido el viernes por la mañana. Por la noche, en un intento ¿desesperado?- por no permitir que Boca se exponga a un papelón futbolístico- se envió un nuevo pedido a la Liga para poder utilizar los titulares, argumentando datos de la tasa de inmunidad que posee el plantel entre vacunados y test negativos. En la madrugada misma la Liga le reiteró la negativa y advirtió al club de las sanciones por no presentar equipo.
Los hechos hablan por sí solos. Boca tendrá que jugar con lo que tiene. Será la Reserva que ayer ganó en Luis Guillón y hoy se matará por la camiseta. Y tendrá a todo Boca detrás de ellos, bancando y aplaudiendo del minuto uno hasta el noventa. No se debió llegar a esto. Boca tiene muchos enemigos y los tiene bien identificados. Sería bueno que los responsables sepan cuando confrontarlos y cuando convivir para evitar que los hinchas -los verdaderos dueños del club- sufran las consecuencias.



