La Primera Vez

Es una imagen difusa, lejana. Seguro reconstruida con un poco de recuerdo y mucho de voluntaria fantasía.

Ese tipo de frondosos rulos, se venía hacia mí, corriendo y con la boca bien redonda, en un grito enloquecido. Y todos los locos que tenía alrededor, lo recibían con sus brazos en alto. Bien altos.

Nunca llegaron a abrazarse de hecho, pero ese alambre bajito que separaba la fosa, y la cancha donde estaba ese tipo, no fueron impedimento para generar una energía increíble. Nunca vista.

Todos entendían exactamente que estaban ahí por lo mismo. Como un amor de primera vista. No sabés cómo, pero pasa.

Y ellos lo disfrutaban como si fuera la última vez. Pero era la primera. Con un profundo deseo que fuera para siempre, aunque sabían que eso era imposible.

No era una tarde más. Algo grande, muy grande, estaba pasando en ese lugar, en ese momento, y miles de hombres, mujeres, viejitos, y unos cuantos pibes, sabían que eso podía ser irrepetible. Como la primera vez.

De esas cosas que te marcan y no las olvidas más. Y yo estaba ahí…

Mi viejo había sido futbolero. Pero, según contaba, hacía más de 20 años que no pisaba una cancha. Era bostero, claro. Pero tranqui. Los hijos, el laburo, la falta de tiempo, el cansancio, vaya a saber qué lo alejó del sentimiento que supo acunar en las viejas calles de La Boca, donde había nacido.

Él también estaba movilizado. Ese nene de 4 añitos que ya insistente le pedía ir a ver Boca, nunca había tenido éxito.
Se ve que la presión que le estaba metiendo, más las ganas de ver al “nuevo astro” del fútbol mundial con la de Boca, ganaron la batalla al olvido.

“Lo quería Barcelona. Lo quería River pleiiii. Maradona es de Bocaaaa. Porque gallina no es!” , gritamos juntos.

La verdad es que con mis 4 casi recién cumplidos, poco entendía del porqué de ese cantito. Pero lo cantamos, y fue como un himno para recibir al de rulos que tenía la 10.

El Diez, con la azul y oro

Maradona fue revolución. Su llegada a Boca es difícil de dimensionar hoy. Pero fue grande. Enorme lo que pasó. Por lo que ya era, y por todo lo que fue después. Incomparable.

Con Diego también llegó Miguelito, y eso era groso. Pero ahí estábamos todos (o casi todos), por el de la 10, el Pelusa.

Pasaron 39 años exactamente de ese día. A nadie le resultó ajeno. Diego, el de rulos con la 10, el mejor del mundo, vistiendo la azul y oro, pisaba por primera vez en forma oficial una Bombonera que estallaba. Y fue por él.

En las alturas de los viejos palcos, donde estaban las cabinas de radio, un joven y prometedor relator uruguayo, también por primera vez, contaba que Maradona “la soltó como una lágrima”, y se levantaban miles y miles de brazos para homenajear su grito…

Con mis 4 años ya tenía atada en el cuello esa primera bandera que aún conservo. Y el grito, la corrida hacia el lugar donde justo yo estaba, los brazos en alto. Bien altos. Imágenes imposibles de olvidar. Lejanas pero eternas.

Todo eso provocaba Maradona y su llegada a Boca. La experiencia tan deseada de conocer La Bombonera. El abrazo fuerte con papá…

El tipo de rulos con la 10 y la magia de la primera vez.

Marcelo Gonzalez

Papá de Ciro . Socio de Boca. Periodista. 22 años siguiendo y comentando los partidos de Boca por Radio Cristal de Entre Ríos.  Comentarista y Director Periodístico de Cadena Xeneize.

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